106.9 FM 25 AÑOS
Para celebrar nuestros 25 años hemos publicado el disco que aparece en la portada de este boletín y que corresponde a 30 poemas de Porfirio Barba-Jacob grabados durante 25 años. Transcribimos el texto correspondiente a este disco, cuya portada fue realizada especialmente por Fernando Botero hace un cuarto de siglo. En los programas de noviembre y diciembre presentaremos grabaciones de archivo que consideramos de interés permanente y una selección muy variada de lo que podríamos llamar una antología del CD que también apareció hace 25 años.
Sea esta ocasión para presentar nuestro agradecimiento a la Universidad y a la Fundación para el Desarrollo Universitario, al haber creído en la Emisora y al darle todo su apoyo. Y también a los patrocinadores que se embarcaron y continúan en esa excursión irreemplazable que es la radio cultural universitaria.
MATISSE EN VENCE
A la pequeña ciudad de Vence, al sur de Francia, se sube desde Niza por una carretera serpente ante rodeada de árboles, jardines y flores.Al llegar a la ciudad se observa una vista espléndida de Niza y de sus alrededores.Y como por un designio matissiano, no hay obstáculos entre la cima y la perspectiva de la ciudad.Todo es un ondulante tapiz arbóreo y florido.
A finales de los cuarenta el pintor francés, Henri Matisse, se había sometido a una delicada operación estomacal practicada por uno de los grandes cirujanos de Francia, el Dr. René Leriche, quien a su vez fue maestro de distinguidos cirujanos colombianos como el Dr. Alberto Saldarriaga de Medellín. Las monjas dominicas que atendieron en el hospital de Niza a Matisse, y una vez que él se fue recuperando, le sometieron unos dibujos de unos planos y de otros elementos decorativos para una capilla que pensaban construir en el pueblo de Vence. Sabían que era uno de los grandes pintores del siglo XX, y aunque conocían su devoción por la exaltación hedonista de la figura femenina, del paisaje y de los grandes interiores, se atrevieron a perturbar su visión plástica habitual con un tema místico. Matisse se interesó de tal manera en los dibujos incipientes de las dominicas que terminó haciéndolo todo. Los planos arquitectónicos de la que se llamaría Capilla del Rosario de las dominicas de Vence, su campanario, el diseño de los jardines exteriores, las losas del piso, las puertas, los confesionarios, los muebles para guardar los hábitos, las cruces y los candelabros del altar, el altar mismo, los pequeños asientos, los maravillosos vitrales y una secuencia de las estaciones de la cruz, dibujada con la mayor maestría posible como si se tratara de una secuencia de historietas trágicas en una de las paredes de fondo, en perfil de trazos negros abstractos y a la vez representativos que siguen el camino de Cristo hasta el Calvario con una conmovedora y elocuente sencillez. También diseñó los ornamentos y las casullas de los oficiantes en un estilo medieval por la amplitud de las formas, en una especie de abstracción de motivos que ya aparecían en el Apocalipsis del Beato de Liébana, mil años atrás.Picasso supo de las casullas y le reprochó, en el tono de respeto y de admiración con que siempre trató a su par en el arte del siglo XX, que por qué no había dedicado su tiempo a diseñar capas de toreros en lugar de casullas de curas. La Capilla del Rosario fue consagrada en 1951, tres años antes de la muerte del pintor.
Durante sesenta años de su vida artística, Matisse fue una de las expresiones más acabadas de la búsqueda de nuevas formas y también de la exaltación hedonística, no solo del cuerpo femenino sino de los objetos, las casas, los interiores, el ritual de la danza, la riquísima decoración de la tradición árabe y el esplendor de la vida y la naturaleza, como si todo en ella fuese una constante expresión del verso de Baudelaire “lujo, calma y voluptuosidad”.
Nunca hizo gala de agnosticismo, y aunque el sendero de la espiritual no fue característico de su arte, sin embargo, en sus años finales y conmovido por los sencillos dibujos de las dominicas de Niza, le confesó a un amigo que desde la primera vez en que los había visto y cuando tuvo la visión total de lo que sería la capilla, una extraña sensación de cambio en su tono espiritual lo había poseído.
Vence es uno de los sitios más conmovedores que puede visitar el amante del arte. No es preciso que vaya en búsqueda de transfiguración mística. Sin embargo, a pesar de la distancia monumental en forma y espacio que separa a la Capilla del Rosario de Chartres, el espectador puede ser poseído por una extraña sensación de total espiritualidad, donde la magnitud o pequeña escala de las formas pierden todo sentido para lograr una impresión total de lo indefinible. El único efecto similar en Vence, a lo que muestra Chartres, es el reflejo de los vitrales cuando el sol fuerte los proyecta, o sobre las inmensas losas de la catedral, o el espacio confinado de las simples y nobles baldosas del Rosario.
Feliz navidad para todos.
Bernardo Hoyos P.
Director 106.9 FM
Universidad Jorge Tadeo Lozano