Ensayos Semioticos - page 456

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Andrea Echeverri Jaramillo
Sin embargo, es común que los directores crítico-expresivos que tienen grandes
éxitos económicos acaben por pasarse a la otra corriente, probablemente engolo-
sinados por el poder adquirido; un caso discutible sería Martin Scorsese, del que
es imposible equiparar películas como
Taxi Driver
(1976) o
La última tentación de
Cristo
(
The Last Temptation of Christ
, 1988) con
El aviador
(
The Aviator
, 2004) o
Los infiltrados
(
The Departed
, 2006).
Por otra parte, es muy común en el cine contemporáneo la ambigüedad al
respecto: es difícil clasificar filmes como
Tiempos violentos
,
El tigre y el dragón
(
Wo
hu cang long
, Ang Lee, 2000) o
Cerdos y diamantes
(
Snatch
, Guy Ritchie, 2001).
Esto se debe, en gran parte, a que el cine independiente está “de moda”’ desde la
década pasada, al punto de que prácticamente todas las
majors
(los grandes estudios
cinematográficos) tienen filiales que producen filmes de bajo presupuesto y gran
libertad tanto argumental como narrativa y estética. Y en otro sentido, aunque
se tienda a pensar, gracias a los planteamientos públicos de ciertos comentaristas
que asumen que el cine crítico-expresivo es ‘bueno’ o ‘válido artísticamente’,
mientras que el de espectáculo carece de valor, se dan muchísimos casos de cintas
independientes con altas pretensiones artísticas que resultan mediocres, y de filmes
industriales, con intención claramente comercial, que se llegan a considerar obras
maestras (por muy discutible que sea el concepto, es válido cuando una película
marca precedentes estéticos o narrativos). Y aunque este tipo de apreciaciones
siempre genera polémica, podría nombrarse a
Farinelli
(Gérard Corbiau, 1995) o
la desafortunada
Muñecas
(
Dolls
, Takeshi Kitano, 2002) –lunar en la filmografía
del director japonés– en el primer caso, y, siguiendo un concepto generalizado,
Casablanca
(Michael Curtiz, 1942) o
Matrix
en el segundo.
Si bien son dos opciones diferentes, lo que queda claro es que parten de códigos
comunes. La diferencia radicaría entonces en que mientras el cine-espectáculo pre-
tende perfeccionar la representación en sí misma, apelando a la razón del espectador,
el crítico-expresivo busca la experimentación que parte de imágenes oníricas que
se conecten directamente con la psique misma, de forma bastante más compleja.
El crítico-expresivo es, por tanto, más rico en connotaciones, pero de más difícil
lectura que el cine-espectáculo. En esa medida, se podría decir que en el primero la
relación entre significantes y significados es efímera y variable, mientras que en el
otro se da una mayor estabilidad en la correspondencia entre el plano de la expresión
y el del contenido. Pero en ambos, la capacidad de significar es infinita.
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